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Festival de Ch'uta Raymi en el Municipio de Vacas: Con el propósito de recuperar la calidad de la tierra y hacer frente a las plagas, hay un intento de retorno a las prácticas tradicionales, para lograr que la Pachamama se “abuene” con la comunidad. 


La radioemisora campesina Chiwalaki, del municipio de Vacas en la provincia de Arani, festejó sus 26 años convocando a un festival de música y canto, el “Ch’uta Raymi”. Su propósito es recuperar esta fiesta las tradiciones y fomentar la música local vaqueña. Durante todo el día se presentaron diferentes grupos y comparsas, con la vestimenta tradicional de antaño, interpretando canciones de su creación relacionadas con el contexto.

No siempre fue así. Algunas comunidades no cuentan con redes de riego, dependen totalmente de la lluvia anual para tener una cosecha que debe servir tanto para alimentar la comunidad como para generar excedentes llevando al mercado. El Ch’uta Raymi era un encuentro de celebración del Wata-Tarpuy, la siembra e inicio del ciclo agrícola anual, una celebración que buscaba fortalecer la relación con la Pachamama para conseguir así una buena cosecha, según testimonios de agricultores y agricultoras del lugar.

El ciclo inicia en agosto con la preparación de los terrenos, y cerca del 10 de septiembre se hacía la siembra anual (wata tarpuy), que iniciaba con un encuentro festivo. Se hacían coronas de flores con las que se adornaban las papas y se preparaba una mesa q’owa en la parcela. Los vaqueños cantaban coplas para agradecer la cosecha anterior y pedir permiso para iniciar el ciclo para evitar heladas y protegiendo las siembras, canciones creadas para este encuentro.

Hace unos años atrás ingresaron con fuerza las iglesias evangélicas a las áreas rurales del país con sus campañas evangelizadoras que convencieron a los vaqueños que había que dejar las prácticas del akulliku y de la q’owa, ya que eran, según su visión religiosa, adoraciones a fuerzas impuras. Casi un 80% de la población se convirtió a esta religión, abandonando las prácticas tradicionales.

No solo se dejaron las prácticas rituales, sino también se transformó el modelo agrario incorporando agroquímicos, pesticidas y otros productos que inicialmente permitieron un mayor rendimiento de las tierras, pero que también hicieron que los suelos se agoten. Además, muchas plagas se hicieron resistentes a los pesticidas a fuerza de usarlos. El resultado es que en los últimos años la cosecha disminuyó de calidad y rendimiento, y casi todas las papas están agusanadas.

Con el propósito de recuperar la calidad de la tierra y hacer frente a las plagas, hay un intento de retorno a las prácticas tradicionales, para lograr que la Pachamama se “abuene” con la comunidad. Por supuesto, muchas cosas cambiaron y hacen que el retorno a estas tradiciones acabe convertida en una forma de folklorización más que en una práctica cotidiana. Algunas de las canciones de los participantes ya no tienen que ver con la tierra y sus bendiciones, sino con el proceso de cambio y su defensa. La ropa tradicional es vista por los jóvenes como un disfraz y no como vestimenta. El ritual es parte del festival y no un rito de acercamiento entre fuerzas divinas y humanas.

Mientras tanto, la necesidad de mejora de las cosechas es algo latente. Hace falta tener una mirada más compleja y a largo plazo del uso del suelo. Mientras se vea solamente la venta en el mercado en una estación y no el proceso productivo como parte integral de la vida de la comunidad, será difícil lograr la soberanía alimentaria y la independencia económica de la comunidad. 

grupo se presenta

observadores

copleras

descansan

toacando acordeon

Charanguero

descansa

niño

Redacción: Cecilia De Marci Moyano - CENDA

Reportaje: Julia Román, René Antezana - CENDA

Los días martes 17, miércoles 18 de octubre de 2017 en la ciudad de Cochabamba, se llevará adelante el “Encuentro Internacional de semillas y agroecología”, en el que se debatirá los impactos económicos y en la salud la introducción de transgénicos y agrotóxicos en la producción de alimentos. Por otro lado, se socializará la propuesta política del Registro Comunitario de Semillas como acción de resistencia contra la privatización de los recursos genéticos.


En el encuentro tenemos el agrado de contar con especialistas en el tema:

• Presentación contexto global y nacional: agricultura y transgénicos, por Miguel Crespo, PROBIOMA.

• Transgénicos y Marco Jurídico, repercusiones de Acta UPOV 91, apropiación de variedades nativas y mejoradas en México y otros países, por el Dr. Alejandro Espinosa Calderón, Coordinador del Programa Agricultura y Alimentación - Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, México.

• El Registro Comunitario de Semillas en Bolivia, por Vladimir Rojas, CENDA – Bolivia.

• Los peligros del maíz GM en América Latina, por German Velez, Corporación Grupo Semillas – Colombia.

• Impactos socioambientales de las actividades agropecuarias en Brasil, por Sergio Schlesinger, Brasil.

• Cultivos transgénicos: promesas y certezas, por Pablo Galeano, Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas de Uruguay.

• Impactos de los agroquímicos en la Salud y el medio ambiente, por Roger Carvajal, SELADIS – Bolivia.

El evento se desarrollará en la Universidad Mayor de San Simón - Campus Universitario – Auditorio Yupana Wasi, en la parte superior de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Económicas, Final Calle Calama, Cochabamba.          

El día miércoles 18 de octubre se desarrollará la “Feria de la Semillas y la Agrobiodiversidad”, en el espacio del Parque La Torre, ciudad de Cochabamba, desde las 9 de la mañana.

Programa

Martes 17 de octubre

HORA ACTIVIDAD RESPONSABLE
9:00 Palabras de Bienvenida Director del IESE - UMSS
9:10 Inauguración CENDA
9:20 Presentación contexto global y nacional: agricultura y transgénicos

Miguel Crespo, PROBIOMA

10:00 Transgénicos y Marco Jurídico, repercusiones de Acta UPOV 91, apropiación de variedades nativas y mejoradas  en México y otros países Dr. Alejandro Espinosa Calderón, Coordinador del Programa Agricultura y Alimentación - Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, México.
10:30 Refrigerio  
11:00 Registro comunitario de semillas en Bolivia (video) Vladimir Rojas, CENDA - Bolivia
11:30 Los peligros del maíz GM en América Latina German Velez, Corporación Grupo Semillas - Colombia
12:00 Preguntas y Debate mañana Modera: CEDIB
13:00 Almuerzo  
14:30 Impactos socioambientales de las actividades agropecuarias en Brasil. Sergio  Schlesinger, Brasil
15:15 Cultivos transgénicos: promesas y certezas. Pablo Galeano, Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas de Uruguay
16:00 Refrigerio  
16:30 Impactos de los agroquímicos en la Salud Roger Carvajal, SELADIS - Bolivia
17:00 Preguntas y Debate Modera: Miguel Crespo - PROBIOMA
18:00

Organización de mesas de trabajo:

-          Políticas agropecuarias.

-          Resistencia e incidencia para el manejo de semillas.

-          Sistemas agroecológicos.

-          Resistencia a los transgénicos.

Modera:  Sergio Vázquez CENDA
19:00 Descanso  

Miércoles 18 de octubre

HORA ACTIVIDAD RESPONSABLE
9:00

Feria de la agrobiodiversidad y semillas

Parque la Torre (Cochabamba)

TODAS LAS ORGANIZACIONES INVITADAS PUEDEN TRAER: PRODUCCION AGROECOLOGICA, SEMILLAS, PRODUCCION INTELECTUAL, PODRAN EXPONER, VENDER, INTERCAMBIAR, ETC
14:00 Continuación de las mesas de trabajo Modera: Sergio Vásquez CENDA
16:30 Plenaria Modera: Sergio Vásquez CENDA
17:30 Conclusiones Modera: Sergio Vásquez CENDA
18:00 Cierre  

Organizan: CENDA, PROBIOMA, CEDIB, IBIF, JARAÑA, ANAPA, RAUC, IESE-UMSS

Plano de ubicación del Auditorio: Yupana Wasi

Mapa encuentro

Informes: CENDA, teléfono 4243412

Actualizado: JR

Calle OQUENDO

FOTO: CENDA     Y acá viene la ironía, hace algunas semanas, el gobierno inauguró la Planta Petroquímica de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo, en Cochabamba, a cargo del Ministerio de Hidrocarburos, como una forma de consolidar la industrialización de los recursos naturales, en este caso el gas, con un costo de $us 953 millones. Dicha planta producirá por día 1.200 toneladas métricas de amoniaco y 2.100 toneladas métricas de urea granulada.


Escrito por Coraly Salazar Carrasco (*)

Publicado: 03 Octubre 2017

 

El Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, en un esfuerzo conjunto con la Asociación de Productores Ecológicos de Bolivia (AOPEB) vienen trabajando en una propuesta para modificar la Ley 3525 de Regulación y Promoción de la Producción Agropecuaria y Forestal No Maderable Ecológica que fuera promulgada el 21 de noviembre de 2006. El objetivo de esta nueva propuesta se mantiene en declarar de interés, necesidad y prioridad nacional la promoción, el fortalecimiento sostenible y regulación de la Producción Agropecuaria y Forestal no Maderable Ecológica en Bolivia, pero plantea una reestructuración interna del Consejo Nacional de Producción Ecológica (CNAPE), como un ente supra ministerial, una instancia estratégica de decisión, articulación, coordinación, gestión y participación para apoyar y gestionar en el establecimiento de planes, programas y proyectos, promover lineamientos de políticas, consolidar el proceso de desarrollo del sector agropecuario y de recursos forestales no maderables ecológicos, además de modificar su composición para dar una mayor participación a las organizaciones sociales tanto de tierras altas como de tierras bajas, que son quienes practican y promueven este tipo de producción en el país.

 

Se espera que con esta ley modificada, la producción agroecológica en Bolivia, entendiendo lo ecológico, orgánico y biológico como términos sinónimos, se impulse y promueva de manera estratégica desde todas las Entidades Territoriales Autónomas a favor de la seguridad con soberanía alimentaria. Pese a que el deseo y necesidad de cambiar la producción convencional a una agroecológica data ya desde hace más de 10 años, los esfuerzos y acciones no han tenido el efecto deseado, y una de las mayores dificultades se puede deber a la escasa inversión en la producción de insumos orgánicos, entre ellos el abono, necesario para enriquecer el suelo y mejorar y aumentar la producción.   

 

Y acá viene la ironía, hace algunas semanas, el gobierno inauguró la Planta Petroquímica de Amoniaco y Urea de Bulo Bulo, en Cochabamba, a cargo del Ministerio de Hidrocarburos, como una forma de consolidar la industrialización de los recursos naturales, en este caso el gas, con un costo de $us 953 millones. Dicha planta producirá por día 1.200 toneladas métricas de amoniaco y 2.100 toneladas métricas de urea granulada.

 

Obviamente, estos fertilizantes responden a la necesidad de la producción de mediana y gran escala en el país, mientras que los pequeños productores  que pretenden impulsar la producción agroecológica, por los principios mismos de su tipo de producción, quedarán fuera de este “beneficio”.

 

¿Cómo es que si en la Ley del 2006 ya se declaraba la producción ecológica de necesidad e interés público por los muchos beneficios que genera, hasta el momento no se ha comenzado con la producción de bio insumos que apoyen este tipo de producción? ¿Por qué no podemos pensar en invertir parte de los recursos productivos también en una planta de producción de fertilizantes naturales o bio insumos? Este tema también debería ser parte del Plan de Desarrollo del gobierno, para que este tipo de producción, que alimenta a gran parte de la población pueda incrementar sus rendimientos, mejorar su productividad y llegar a más pobladores.

 

En ocasión del VII Encuentro Latinoamericano y del Caribe de Agricultura Ecológica y Orgánica (ELAEO) que se realizó el pasado mes de mayo en Rurrenabaque, Beni, Hugo Bosque, Asesor del MDRyT expresó que el excesivo uso de agroquímicos, fundamentalmente fertilizantes y pesticidas, está dañando el suelo y contaminando las aguas y el aire y que la sobreexplotación de los recursos naturales, la deforestación, la degradación y a la desertificación de los suelos, la contaminación del agua y el aire y la utilización de agroquímicos están incrementando los efectos del cambio climático.

 

Frente a este panorama de alta degradación ambiental que vive la región y el país, la producción agroecológica proveniente de la agricultura campesino indígena es la alternativa sostenible que debía estar presente en todos los Planes de Desarrollo Territorial Integral, para conseguir el objetivo de tener una Bolivia ecológica que hasta el año 2020 aumente la producción ecológica certificada de 1,5 a 10% como se ha planteado en el PDES.

(*) Coraly Salazar es responsable de la Unidad de Acción Política de CIPCA.

Fuente: 

Foto: Archivo CENDA

Actualización: JR

Martes, 26 Septiembre 2017 09:36

Las cuencas abiertas de América Latina

El monitoreo de la calidad de agua permite tener una visión integral del cuidado del agua. Si solo pensamos en lo que afecta a una comunidad, podemos perder de vista cómo nuestras acciones tienen un impacto también en las otras personas, en los otros municipios o comunidades. 


Hay una línea imaginaria que circunda un territorio y subraya una diferencia tácita entre nosotros y los otros. Una línea arbitraria que nos encierra y nos hace pensar en que el espacio está fragmentado, que hace que nos ocupemos de “lo mío” y no de “lo nuestro”. La fragmentación – municipalización del territorio hace que pensemos de forma muy local las necesidades y desafíos, pero no permite entender la relación entre lo que hacemos aquí y lo que nos pasa a todos.

Desde el año 2014 CENDA junto a pobladores de la región trabaja haciendo un monitoreo comunitario de la calidad del agua en la cuenca del Poopó. Revisamos algunos parámetros básicos (temperatura de agua y aire, pH, dureza, alcalinidad, turbidez y oxigenación) para poder tomar el pulso de un ecosistema. Hacemos esta evaluación de forma periódica y sistemática para ver si alguno se encuentra por encima del límite aceptable y permita alertar si hay una fuente de contaminación.

 Trabajamos en equipo con las comunidades que forman parte de esta cuenca. Allí, personas capacitadas para tomar muestras trabajan haciendo el monitoreo de la calidad del agua en distintos lugares del río: en su origen, antes y después de las actividades humanas (especialmente la minería) y por último cerca del final del curso del río.

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Lo que encontramos hasta ahora es preocupante. En la parte alta del río las aguas son saludables, pero cuando pasa por zonas mineras recibe las descargas de agua usada en el proceso de extracción de minerales y que tiene una concentración alta de metales pesados. Consumir estos metales causa graves enfermedades y malestares que pueden ser irreversibles. El agua del río llega a la parte baja de la cuenca cargada de estos metales, y es la única fuente de agua para muchas de las comunidades bajas.

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El monitoreo de la calidad de agua permite tener una visión más integral del cuidado del agua. Si solo pensamos en lo que afecta a una comunidad, podemos perder de vista cómo nuestras acciones tienen un impacto también en las otras personas, en los otros municipios o comunidades.

Este trabajo conjunto de estudio y observación de la cuenca nos permite sobrepasar la línea imaginaria de la frontera municipal para integrar una región. La cuenca es la verdadera frontera natural de un territorio. Si reconocemos su extensión completa podremos trabajar en el bien común de forma integrada, uniendo comunidades en torno del río y de la vida.

Las disputas por la tierra y el territorio forman parte de los conflictos más antiguos de la humanidad, y al mismo tiempo que ésta, han ido cambiando de tal manera que podemos identificar las formas y métodos de despojo predominantes, así como los sujetos antagónicos que protagonizan estas luchas en cada fase histórica.


 Polette Rivero Villaverde*

18/09/2017

Opinión

Es posible afirmar que en el siglo XXI asistimos a una nueva guerra por el territorio y la tierra.  Se visibilizó con la crisis de 2007-2008, cuando de forma masiva comenzaron a difundirse a través de algunos medios y organizaciones independientes, las denuncias de comunidades latinoamericanas y africanas, sobre los despojos que los gobiernos y las empresas estaban llevando a cabo a fin de ocupar sus territorios.  A esta “fiebre por las tierras” se le denominó acaparamiento de tierras o land grabbing en inglés.

En breve se entendió que los nuevos despojos territoriales eran más complejos que los de otras etapas históricas.  En parte porque los sujetos más activos en las compras de tierras son grandes empresas transnacionales que han consolidado como nunca su poder, y se encuentran respaldadas por sus gobiernos, su brazo armado y económico, y por sus instituciones internacionales, Banco Mundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI), etc.

También encontramos adquiriendo miles de tierras a sujetos que tradicionalmente no estaban vinculados con el sector primario.  Grandes fondos de capital provenientes de bancos como Goldman Sachs, personajes poderosos como George Soros, ex funcionarios públicos, fundaciones como la de la Universidad Harvard, fondos de pensión de los trabajadores de países como Estados Unidos y Canadá, encontraron en la compra de tierras un refugio ante la caída de la cuota de ganancia que generó la crisis, y a su vez, un sector que a partir de los altos precios de los alimentos, el petróleo y los minerales estratégicos, estaba generando importantes ganancias por el mercado especulativo.

Mientras los problemas de hambre se agudizaban para la mayor parte de la población mundial, las corporaciones que dominan el mercado alimentario como Cargill, Bunge, Monsanto, Syngenta, entre otras, registraban ganancias récord de hasta 400% más.  A su vez, países petroleros pero sin tierras de cultivo, como los Emiratos Árabes, Qatar, etc., y países con una creciente clase media, realizan aún grandes inversiones en tierras periféricas; es el caso de China e India.

Dimensión de los acaparamientos de tierra

La medición de las transferencias de tierra no es sencilla.  Generalmente los interesados en esta sistematización acuden a las notas periodísticas para dar seguimiento, lo que en parte resulta disperso, parcial y a veces poco riguroso.  En países como Brasil se cuenta con cifras oficiales de extranjerización de tierras, pero en otros como México los rubros jurídicos no visibilizan la privatización y extranjerización de los territorios.  No obstante, retomemos algunos datos para dimensionar el problema.

A inicios de agosto de 2017, Land Matrix, un observatorio que monitorea la compra de tierras desde el año 2000, reportaba que, de un total de 1.345 acuerdos concluidos a nivel mundial, se habían transferido 49.238.484 hectáreas de tierras para cultivos, programas verdes, minería, carreteras, turismo, etc.  El acaparamiento de tierras cobró una dimensión global, lo podemos encontrar en los cinco continentes, pero es un proceso que predomina en la periferia.

De acuerdo con el seguimiento de la organización GRAIN, entre 2006 y 2015, los países de América Latina en los que se encontró acaparamiento de tierras destinado a cultivos alimentarios, abarcaron una superficie de 3.927.450 hectáreas, mediante 59 adquisiciones.  Se trata exclusivamente de inversiones extranjeras, donde Brasil encabeza la lista con 2.727.502 hectáreas; seguido por Argentina con 513.116; Paraguay con 208.549; Colombia con 154.660; Uruguay con 144.178; Perú con 80.149; Venezuela con 60.000; Bolivia con 57.845; Jamaica con 30.000; y Belice con 1.600.

El origen de las inversiones extranjeras para compras de tierras en América Latina es muy diverso: Estados Unidos, China, Singapur, Japón, Corea del Sur, Arabia Saudita, India, Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Italia, Portugal, entre otros.  Pero también se registra un acaparamiento de tierras intrarregional, en donde capitales brasileños y argentinos están a la cabeza.  Brasil incluso es uno de los países que acapara tierras junto con Japón en África.

Aunque estas cifras nos dan una idea del problema, cientos de casos no están registrados ni se conocen públicamente. Si a las tierras acaparadas para cultivos alimentarios agregáramos las que se destinan para megaproyectos mineros, carreteros, urbanos, turísticos, de energía (como el fracking y las represas), agrocombustibles, etc., las cifras se elevan considerablemente.

En México, por ejemplo, la mayor parte de los despojos de tierra son para desarrollos turísticos y de minería a cielo abierto; en este último caso, del año 2000 al 2012 se concesionaron en los territorios indígenas alrededor de 2.173.141 hectáreas para minería, de acuerdo con Eckart Boege.  Otro ejemplo es Brasil, donde sólo retomando 12 contratos registrados por Land Matrix sobre compras de territorios por parte de extranjeros para proyectos mineros, de energía renovable y de conservación en los últimos años, se genera una cifra de 698.344 hectáreas acaparadas.

Los siguientes retos

Desde 2014 los precios de los alimentos y los energéticos bajaron, lo que hizo que la inversión extranjera en tierras destinadas a estos propósitos se desacelerara, no obstante, el despojo territorial continúa.  Las preguntas que tenemos que hacernos son por qué y para qué.

En primer lugar, hay que decir que es probable que la acumulación por despojo que caracteriza esta fase histórica llegó para quedarse por un tiempo más largo.  La crisis de 2007 puso una alerta a los grandes capitales formados alrededor de la financiarización por el nivel de vulnerabilidad que tiene este tipo de riqueza; en respuesta han ido generando nuevos mecanismos para continuar mercantilizando la naturaleza, desde el aire con los servicios ambientales, hasta las semillas.

Esto implica que los Estados que compiten en la guerra intercapitalista, así como sus empresas y sus emisarios, los organismos internacionales, están haciendo una fuerte campaña a fin de institucionalizar los despojos territoriales.  Desde hace diez años el BM y la FAO se apresuraron a establecer una serie de “principios de responsabilidad” para los inversionistas, a la vez que promovían la compra de tierras, procurando con ello invisibilizar la ilegitimidad y la violencia de estos procesos y crear una imagen “positiva” del despojo.  Habrá que estar pendiente sobre la articulación de los nuevos discursos que procuren legitimar ideológicamente esta barbarie.

Otros riesgos son los nuevos mega acuerdos que comienzan a extenderse por el mundo, como el Acuerdo Transpacífico (TPP) que no podemos dar aún por muerto.  Con estos nuevos mecanismos se establecen condiciones muy desiguales entre los países centrales y la periferia; se otorgan mayores privilegios y certezas jurídicas, económicas y armadas a las inversiones extranjeras.  ¿De qué se les protege? De los pueblos, de su organización y resistencia.  Esta nueva institucionalidad colonial internacional debe ser un tema primordial para los movimientos sociales, los académicos y partidos de izquierda.

Entre los nuevos proyectos de despojo territorial ocupan un lugar central los vinculados con el agua.  Al estilo de Hubert Humprey, senador del Congreso de Estados Unidos en la década de 1970, quien decía en tono cínico que había escuchado decir que la gente podría volverse dependiente de su país para alimentarse, por lo que sería estupenda la dependencia alimentaria de otros países, hoy algunos de los mayores inversionistas opinan lo mismo con relación al agua.  Desde hace pocos años Goldman Sachs, JP Morgan Chase, Citigroup, Deutsche Bank, Credit Suisse, HSBC, y otros, están invirtiendo en el acaparamiento de los territorios donde se encuentran las reservas de agua.  Según la organización Amigos de la Tierra, en 2015 Colombia vivía más de 72 conflictos por la privatización del agua, Brasil 58, Ecuador 48, Argentina 32, Perú 31 y Chile 30.

Finalmente, es preciso que en tanto fase de transición donde el capitalismo no ha acabado por definir un modelo dominante de acumulación, surjan por un lado las preguntas oportunas sobre lo que están haciendo las élites del poder, y por otro lado se tome acción sobre la urgencia de articular un movimiento social más amplio en defensa del territorio y la vida.  Se necesita poner freno a las guerras del capitalismo.

*Polette Rivero Villaverde: Doctoranda en el Programa de Posgrado de Estudios Latinoamericanos e integrante del Laboratorio de estudios sobre empresas transnacionales del IIEc, ambos de la UNAM.

 Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento: Los territorios de la guerra 11/09/2017

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/188132

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